Contar historias no es compartir demasiado

La narración es poderosa cuando se usa con intención. En los espacios de promoción, liderazgo y profesionales, a menudo se anima a las personas a “compartir su historia” para ser escuchadas o tomadas en serio. Con demasiada frecuencia, esto se convierte en presión para revelar experiencias personales sin claridad ni protección. Eso no es contar historias. Eso es trabajo emocional.

La narración ética comienza con un propósito. Pregunta:

  • ¿Por qué estoy compartiendo esta historia?
  • ¿Quién es la audiencia?
  • ¿Qué resultado respalda esta historia?

No todos los detalles son necesarios. No todas las experiencias pertenecen a todos los espacios.

Compartir demasiado ocurre cuando la vulnerabilidad se confunde con la efectividad. La narración basada en un propósito, por el contrario, fomenta la comprensión sin requerir agotamiento emocional. Centra la claridad, la dignidad y los límites. Los límites no reducen la autenticidad: la protegen. Elegir qué compartir y qué conservar es una forma de liderazgo. Especialmente para las personas a las que se les pide repetidamente que expliquen sus experiencias, la narración ética impide daño preservando el impacto. En HABILIDADX, contar historias se trata como una habilidad, no como una actuación.

Cuando las personas aprenden a utilizar sus historias intencionalmente, obtienen control sobre su narrativa, se comunican con confianza y abogan de manera efectiva, sin autoborrarse. Contar historias no se trata de decirlo todo. Se trata de decir lo que importa.